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Fedesarrollo propone cambios en los topes de usura y segmentación de créditos
La tasa de usura en Colombia ha sido un tema de constante debate en el sistema financiero, ya que, si bien su regulación permite gestionar el riesgo en la asignación de créditos, también ha generado restricciones en la expansión de la cartera. En respuesta a esto, el Gobierno Nacional está analizando modificaciones en la metodología del Interés Bancario Corriente (IBC), del cual se deriva la tasa de usura. Recientemente, Fedesarrollo se ha sumado al debate con un estudio que plantea recomendaciones clave para mejorar la inclusión financiera y el acceso al crédito formal en el país.
Análisis de Fedesarrollo sobre la tasa de usura
El estudio, titulado Política de la tasa de usura en el mercado financiero en Colombia: implicaciones, efectos y recomendaciones, fue elaborado por Luis Fernando Mejía, Ximena Cadena, David Forero, Alejandro Becerra y Santiago Muñoz. En este documento, Fedesarrollo analiza diversos aspectos técnicos de la tasa de usura y su impacto en la economía colombiana, además de realizar comparaciones con otros países.
Desde marzo de 2023, se estableció una diferenciación del IBC para microcréditos en cinco categorías. Además, en enero de 2024 comenzó una transición hacia un cálculo basado en el promedio ponderado por monto, con un límite temporal de cuatro semanas anteriores a la certificación.
Uno de los hallazgos más relevantes del estudio es que la inclusión financiera tiene un impacto positivo en variables económicas clave, especialmente en países en desarrollo. Se destaca que el acceso al crédito formal protege a los usuarios de condiciones desfavorables, ya que las tasas en el mercado informal pueden ser hasta nueve veces más altas que en el mercado regulado.
El contexto regulatorio de la tasa de usura
En Colombia, la tasa de usura está regulada por normativas comerciales y penales, y se define como 1,5 veces el IBC. La Superintendencia Financiera es la entidad encargada de su certificación, estableciendo tasas máximas para siete categorías de crédito: cinco productivas (anteriormente agrupadas como microcrédito), consumo y comercial ordinario, y consumo de bajo monto.
El IBC para créditos comerciales ordinarios y de consumo ha experimentado cambios en la última década, lo que ha resultado en una reducción de seis puntos porcentuales en la tasa de interés promedio para estos créditos.
No obstante, el estudio advierte que la inclusión de créditos financiados con redescuento introduce distorsiones en el cálculo del IBC. Este efecto es particularmente visible en los créditos productivos rurales, donde el redescuento representa el 73% de los montos desembolsados, reduciendo la tasa de interés en 10 puntos porcentuales, del 27% al 17%.
Además, el Banco Agrario, el principal actor en este segmento, otorga el 91% de sus créditos con recursos de redescuento, lo que amplifica esta distorsión.
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Desafíos en los créditos de bajo monto
El estudio también revela que las modificaciones normativas no han logrado aumentar el uso de los créditos de consumo de bajo monto como una herramienta de inclusión financiera. A pesar de contar con un trámite simplificado, estos créditos se otorgan en menor cantidad que los créditos de consumo por montos equivalentes (menos de seis salarios mínimos mensuales).
Otro problema identificado es la concentración del mercado de créditos de bajo monto. Solo tres entidades participan en este segmento, y una de ellas controla el 95% de los préstamos, lo que limita la competencia y restringe el acceso al crédito formal.
Recomendaciones de Fedesarrollo
A partir de estos hallazgos, Fedesarrollo propone dos recomendaciones principales para los créditos de consumo y comercial ordinario:
- Segmentación de créditos: Se recomienda separar los diferentes tipos de crédito en categorías específicas, siguiendo el modelo aplicado a los microcréditos. Se sugiere explorar criterios de segmentación basados en el monto, tomando como referencia ejemplos internacionales como Chile.
- Exclusión del redescuento en el cálculo del IBC: Dado su efecto distorsionador, se propone excluir el redescuento del IBC en los créditos productivos, especialmente en el sector rural.
Para los créditos de bajo monto, Fedesarrollo sugiere implementar tasas regulatorias diferenciadas según el monto del préstamo y solicitar información detallada a las entidades financieras para mejorar la transparencia en el cálculo del IBC.
En cuanto a los créditos de consumo y ordinario, se plantea eliminar la cartera comercial del cálculo del IBC y crear una categoría aparte para los consumos con tarjeta de crédito. También se recomienda separar el IBC de los créditos de consumo por monto.
El estudio de Fedesarrollo destaca la importancia de revisar la regulación de la tasa de usura en Colombia para fomentar la inclusión financiera y mejorar el acceso al crédito formal. Sus recomendaciones buscan optimizar la segmentación de créditos, eliminar distorsiones en el cálculo del IBC y promover mayor competencia en el mercado financiero.
Con estas reformas, se podría generar un entorno crediticio más justo y eficiente, beneficiando tanto a los usuarios como al crecimiento económico del país.